La unidad para gobernar es una condición indispensable en Michoacán, donde la fragmentación puede convertirse rápidamente en conflicto y el costo de la polarización ya se ha pagado en regiones marcadas por disputas agrarias, tensiones políticas y presencia de grupos criminales.
Experiencias que construyen capacidad de unión
Torres Piña ha acumulado experiencia directa en esta necesidad: primero desde la Secretaría de Gobierno, negociando con magisterio, pueblos originarios, organizaciones sociales y municipios; luego desde la Fiscalía, recuperando coordinación institucional frente a la violencia y el crimen. Ambas etapas responden a la misma pregunta: ¿cómo se gobierna un estado fragmentado?
Michoacán requiere un proyecto que articule —no que divida— a la Costa, Tierra Caliente, la Meseta, el Oriente, el Bajío y la Ciénega. Unidad no significa uniformidad, sino capacidad de integrar regiones, sectores y liderazgos distintos. El siguiente gobierno deberá resolver conflictos heredados, no producir otros nuevos.

