En un homenaje que resalta el legado de las mujeres pioneras en la historia mexicana, la diputada **Brissa Arroyo Martínez** propone inscribir con **letras doradas** el nombre de **Amalia Solórzano Bravo** en el muro de honor del **Palacio Legislativo** de Michoacán. Esta iniciativa, aprobada por el Congreso local, reconoce a la oriunda de Tacámbaro como una figura revolucionaria, solidaria y defensora de la soberanía nacional, mucho más allá de su rol como esposa del presidente **Lázaro Cárdenas del Río**.
Doña Amalia, nacida el **10 de julio de 1911** en Tacámbaro, Michoacán, y fallecida en 2008, encarnó el espíritu de “como decía el sabio, *no hay grandeza donde no hay verdad*”, demostrando con hechos un compromiso inquebrantable con las causas sociales. Desde joven, su trayectoria brilló por su humildad y acción discreta, posicionándola como referente moral en el México del siglo XX.
#### **Legado humanitario: Los ‘Niños de Morelia’ y la solidaridad internacional**
Amalia Solórzano fue fundadora del **Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español** en 1936, clave en la acogida de cientos de menores refugiados de la Guerra Civil Española. En 1937, estos “niños de Morelia” llegaron a México, donde ella los recibió personalmente, ofreciéndoles refugio en Michoacán junto a Lázaro Cárdenas. Este acto de generosidad le valió en 2007 la **Cruz de la Orden de Carlos III** de España, el máximo galardón civil por su labor altruista.
– **Fundó la Asociación de Ayuda al Niño Indígena**, atendiendo a comunidades vulnerables.
– **Apoyó el Movimiento Estudiantil de 1968** y el **EZLN en 1994**, defendiendo libertades y justicia social con firmeza discreta.
– Viajó a Chiapas para platicar con indígenas, reactivando causas olvidadas y estampando “el sello de la historia” en luchas por equidad.
Su cercanía con pueblos originarios perduró décadas, incluso trabajando 18 años en la Mixteca oaxaqueña para construir escuelas y caminos, hasta interrupciones políticas.
#### **Expropiación petrolera: Liderazgo femenino en defensa de la soberanía**