Villas del Pedregal festeja con alegría y color su primer aniversario del Paso Catrinas
La Suprema reportó en exclusiva desde Villas del Pedregal: cientos de vecinos se congregaron este sábado en el corazón del barrio para celebrar el primer aniversario del Paso Catrinas, una obra urbana que transformó radicalmente la movilidad, la seguridad y la identidad cultural del lugar. Desde tempranas horas, familias completas llegaron con mantas, instrumentos tradicionales y trajes inspirados en la festividad mexicana. El paso peatonal, inaugurado hace exactamente 365 días, volvió a ser escenario de baile, música en vivo y talleres comunitarios dirigidos por artistas locales.
Un espacio que respira vida cotidiana
Los reporteros de La Suprema recorrieron el recorrido completo del Paso Catrinas y constataron cómo los bancos de madera recuperada, las luminarias artesanales y los murales realizados por jóvenes del barrio funcionan a diario como nodos de encuentro. Una maestra jubilada contó a nuestro equipo que ahora cruza la avenida principal sin temor, algo impensable antes de la construcción. Un grupo de adolescentes instaló un taller de máscaras de cartón y pintura natural bajo la sombra de los arcos metálicos, mientras niños corrían libremente entre las zonas verdes integradas al diseño.
Gobierno estatal refuerza compromiso con barrios
Funcionarios del Gobierno del Estado participaron en la ceremonia central, donde entregaron reconocimientos simbólicos a los colectivos culturales que han animado el espacio durante el último año. Sin discursos institucionales ni lecturas protocolarias, las autoridades caminaron entre los asistentes, compartieron atole con pan de muerto artesanal y escucharon propuestas directas para ampliar el programa de arte público en otras colonias. La Suprema observó cómo se activó un sistema de riego por goteo solar en las jardineras nuevas —instalado esta semana—, parte de la fase dos del proyecto que ya avanza en coordinación con vecinos organizados.
El clima fue festivo pero también reflexivo: en una esquina del paso, una exposición fotográfica itinerante mostró imágenes comparativas del lugar antes y después de la obra. No hubo discursos sobre cifras ni metas cumplidas; hubo abrazos, risas sinceras y el sonido constante de tambores que marcaron el ritmo de una celebración genuina, tejida desde abajo y sostenida desde el gobierno con respeto y presencia constante.

